Root

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Él era un volcán de sueños y aspiraciones. Fue un mundo de ilusiones allá donde otros veíamos miedos. Ahora ese mundo es más real que nunca, y su alma no conoce límites. Él ha sido luchar donde otros ni se acercaban, y triunfar en nortes al alcance de muy pocos. Porque si algo es triunfar, es aprender a cometer errores. Aprender a perder.

El mundo no sabía qué esperar de mí cuando te encontré. A día de hoy, pocos lo saben, pero gracias a personas como tú se hacen una idea. Para mí has sido dejar atrás miedos y complejos, has sido la razón de que en mí haya revivido el niño que una vez quiso comerse el mundo. Has sido mi mayor sueño en forma de presente, y tus erupciones consiguieron cerrar heridas de un pasado no tan lejano.

Vuelas sin preocuparte por tormentas y sin necesitar redes que te garanticen nada. Al fin y al cabo, la vida es una lucha sin garantías. Juntos emprendimos un viaje que hemos cerrado, en parte, hace poco. Hemos sido horizontes entremezclados y dunas con luces y sombras. Hoy somos el mayor de los sueños, y la menor de nuestras preocupaciones. Hemos volado alto y sin rumbo fijo. Después de estos dos años, creo que a ambos nos daba igual cuál fuese la meta. Como si no existía.

Te he visto enfrentarte a miedos en forma de personas, y te he acompañado tratando de entender lo que quizá nunca entendamos. Te he visto, poco a poco, aceptando con más facilidad esa maravillosa parte de irracionalidad que hace de ti la persona que realmente eres, y te he observado afrontando decepciones y anocheceres con aromas a punto y final. El norte nunca fue un lugar seguro, pero eso es algo que sabes mejor que yo.

A tus miedos les diría que la vida tiene victorias y tiene derrotas, pero que lo más triste de todo es elegir perder creyendo que vamos a ganar. A ti, que hay derrotas que vienen solas, y victorias que han llegado porque tú has querido y creído. Que sean tu razón de vida, y que nunca dejes de creer en la primavera. Y que las derrotas no sean más que lo que son algunas personas. Lecciones de vida. Y recuerdos de lo inimaginable.

Siéntete orgulloso de quien eres, aunque aún no lo sepas con exactitud. Probablemente nunca lo hagas. Piensa en los dientes de dragón, en las auroras y en los sueños que nunca dejarás de tener. Piensa en ser uno de ellos, y en vivir un día dentro de él. Cree en seguir luchando, y cree ciegamente en quien eres. El mundo lo necesita. Te necesita.

Seguiremos siendo norte y sur. En cualquiera de nuestros sueños. Bienvenido al fin de una etapa, compañero. Y a la mayoría de edad, por cierto.

 

Aquí hay dragones

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