Capítulo 29: Gracias

Honorables invitados, familiares y amigos, profesorado, estudiantes, buenas tardes.

Estamos aquí hoy para celebrar la amistad, la hermandad, y el lazo que se ha creado a lo largo de estos años entre nosotros. Estamos aquí para graduarnos como la promoción de 2017. Hemos pasado la mitad de nuestro tiempo juntos, y hoy nuestros caminos se separan. Durante este tiempo, hemos tenido altos y bajos, cosas buenas y malas, felices y tristes, pero siempre sabremos que nos tendremos los unos a los otros, que nuestra amistad permanecerá para ayudarnos en los momentos difíciles.

Nos hemos acostumbrado a este lugar, nuestras risas han llenado estos pasillos, y nuestros sueños han escalado por estas paredes. Y es cierto lo que dicen, hemos convertido este edificio en nuestra segunda casa. Porque cada vez que entramos a este edificio, sentimos que siempre hemos estado aquí. Yo, como alumno que ha estado en este centro seis años, veo en cada esquina un recuerdo. He crecido aquí, y este instituto será siempre un hogar.

Nuestros profesores se han convertido en nuestra familia, porque eso es lo que son realmente. Han estado ahí para nosotros en cada paso del camino. Nos han visto crecer, han compartido nuestras risas y nuestras lágrimas. Han tolerado nuestros dramas de clase y nos han ayudado a ser mejores. Han desarrollado nuestras habilidades de diversas maneras y nos han guiado hasta aquí. Así que, a mis profesores, gracias. Habéis sido mis héroes desde el momento en el que entré a este instituto. Y nunca os podremos recompensar por todo el esfuerzo que habéis empleado en enseñarnos. Cada uno de vosotros habéis dejado huella en mi corazón, y esa marca nunca se irá.

A los compañeros de primero que están aquí, ayudando a que todo esto salga adelante, un mensaje que creo que todos compartimos. Ese mensaje es la historia de la espada de Damocles. Damocles era un cortesano que pensaba que el Rey era afortunado por disponer de semejante posición. El Rey, deseoso de escarmentarle, se ofreció a cambiarle el puesto por un día. Esa misma tarde se celebró un gran banquete donde Damocles gozó siendo Rey. Sólo al final de la comida, miró hacia arriba, y reparó en la espada afilada que colgaba atada de un único pelo de crin de caballo, directamente sobre su cabeza. Inmediatamente se le quitaron las ganas de los apetitosos manjares que le sirvieron, y pidió al Rey abandonar su puesto, diciendo que ya no quería seguir siendo tan afortunado. Vosotros, que nos veis felices desde la inocencia, debéis saber que la espada de Damocles es afilada. Que vais a pasar un año duro, pero que la recompensa merece la pena.

A todo el conjunto de personas sentadas a este lado, a punto de recibir sus diplomas, graduarse y ser libres. Yo entre ellos, por supuesto. Sé que seremos historias algún día, y que lo que hemos vivido serán viejas fotografías. Pero ahora mismo, estos momentos no son historias. Esto está pasando, estamos aquí, rodeados de la gente que más nos quiere en el mundo. Somos los héroes de nuestro tiempo, somos tan infinitos como el universo y llevamos dentro un futuro en nuestros corazones. Y vamos a pelearlo, y vamos a defenderlo, y vamos a hacer todo lo posible. Vamos a dejarnos la piel, por defenderlo en las calles, por defenderlo en las plazas, en nuestras facultades, en nuestros lugares de trabajo, con nuestra gente, con nuestros compañeros, con los trabajadores y con las trabajadoras que están en huelga, con todas y cada una de las personas que no bajan la cabeza ante este futuro de miseria que están sembrando.

No tengo palabras para describir lo que siento ahora mismo, porque no me puedo creer que este día haya llegado por fin. Este es el día por el que tanto hemos esperado, pero también es el día por el que más hemos temido. Porque hoy todo se hace real, nos graduamos. Y dentro de un año, probablemente estaremos en sitios distintos, y tendremos vidas distintas. ¿Pero sabéis qué? No nos engañemos, somos lo mejor que le ha pasado a este instituto. Y os prometo que esto no es un adiós. Amistades como las que hemos hecho no acaban aquí. Perdurarán. Gracias por haber estado ahí estos años, nada hubiese sido igual sin vosotros.

Por último, espero que hayáis disfrutado mi discurso, y si no, que al menos la siesta haya sido tranquila. Disfrutad el resto de la tarde, guardad las lágrimas para luego, decid lo que siempre quisisteis decir esta noche, sin miedo, porque puede que no haya más oportunidades, y cread más historias que contar.

Honorables invitados, familiares y amigos, profesorado, estudiantes, gracias.

 

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