Septiembre

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Hemos sido agostos en busca de nuevos horizontes, y la vida nos ha tratado como a vientos en espiral. Quizá seamos vientos opuestos, o quizá duela demasiado chocar sin previo aviso. Puede que soñar salga caro a veces, y yo nunca he sido invencible. Quise saber si eras aurora, pero ahora parece que sabes demasiado bien a qué huele la luna. A mí empieza a olerme a inviernos crudos hasta en sus albores. Y a salitre. Que los dragones acechen nunca ha sido novedad, y que siempre te faltarán armas es algo que yo aprendí a golpes. Y es que a veces lo único que tenemos es la valentía de enfrentarnos a huracanes sin fuerza ni esperanza. La valentía de ser quienes somos, y de no dar la espalda al miedo a perder. Quizá necesites quemar tanto escudo y empezar a forjar tu propia armadura. Pero somos momentos, y tú empiezas a ser recuerdos dentro de mí. Quién sabe, puede que esa sea la voluntad del fuego.

Una vez te dije que tenía mérito que hubieses volado tan alto. Lo cierto es que fuiste un peón que nunca había previsto en mi tablero de ajedrez. Septiembre fue mover la primera pieza, y el otoño ver cómo el peón se convertía en dama. Ahora mi tablero ha dado un giro inesperado y las certezas en forma de peones han empezado a desaparecer. Todo buen jugador quiere tener una dama en su tablero, pero al final hasta los buenos jugadores pierden y acaban ganando los que son diferentes. Quizá ser diferente sea perder una dama y abrir un nuevo camino hacia el norte. Defender atacando.

Hemos sido agostos durante demasiado tiempo. Septiembre empieza a estar a la vuelta de la esquina, y hay caminos que se alejan mientras otros se acercan. Realmente nunca he sabido si estábamos preparados para esto, pero siempre supe que nuestro norte no entiende de preparativos sino de batallas. Quizá primavera haya sido perder la primera de tantas, o quizá esta solo sea una de tantas derrotas sin sentido. Pero mi fe empieza a quedarse sin recursos y los motivos cada vez traen más aromas a verano. A morir en la orilla de cada playa.

Quién sabe, quizá algún día el otoño cubra con sus hojas lo que quede de nosotros. Por ahora, puede que lo mejor sea tirar el hacha de guerra y venderse al aliento de los dragones. Por ahora quizá yo sea la calma que cubra con vendas y consuelos temporales el dolor de soportar este mar embravecido. Quizá mañana volvamos a ser oleajes, o puede que de verdad estemos muertos en la orilla de la enésima playa. Pero créeme cuando te digo que pasado mañana llegará Septiembre.

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