Calm after the storm

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Siempre he sido alguien que ha preferido la razón a la memoria. Siempre he confiado en mi mente para que recordase esos momentos por los que todos vivimos, y me he dedicado a tratar de entender lo que aparentemente siempre ha sido fácil. Que la vida es pasajera. Pero no es fácil, es imposible. Imposible entender.

He vivido auroras inmensas e infinitas, pero también anocheceres asfixiantes e interminables. Pero la vida pasa, y nada es para siempre. Al final, la clave de todo, como casi siempre, es aceptar, y no entender. Aunque cueste. Aunque duela. Y paso cada día tratando de aceptar aquello que nunca voy a entender. Intento aceptar que se puede vivir sin explicaciones y sin motivos, y que pese a ello seguiré teniendo el mejor combustible posible: la ilusión. Las ganas de vivir por pequeños momentos que lo son todo.

Cómo vivir sin entender por qué las auroras dan paso a la noche sin que exista el día. Por qué los para siempre son finitos, y siempre sin sentido. Por qué si cambiar es bueno, a veces lo hacemos para mal.

Cómo vivir sin saber por qué hay días sin luz. Por qué hay días malos si el bien está en nosotros. Por qué se cierran puertas donde antes sólo había senderos. Por qué hay llaves que decides quedarte, si dijimos que la confianza era nuestra cerradura más segura.

Cómo vivir sin razones que ayuden, si lo único que consigues es que acabe chocándome con ellas. Por qué hay ataques que nunca voy a aprender a defender, si nuestra mayor virtud es el aprendizaje.

Cómo vivir sin entender por qué somos así. Por qué tengo que creer tanto en lo imposible para evadirme de tantas dudas sobre lo posible. Sobre tantas certezas fallidas. Por qué muchos caminos se quedan a medias, porque otros prefieren no saber. Por qué parece tan difícil buscar caminos con preguntas cuando nos quedamos sin respuestas. Porque vivir es acabar caminos y buscar otros distintos.

Siempre he sido alguien que ha preferido la razón a la memoria. Pero cuando la razón falla, la única luz está en las auroras que nunca abandonaron los inmensos páramos de la memoria. Seguiremos iluminando valles desolados. Recuérdalo.

Aquí hay dragones.

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