Tempestades

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Queréis seguir el ritmo de olas que no son más que corrientes que todos siguen. Son caminos fáciles, por los que nadie se equivoca. Todos a una, dicen. Y al final, pocos siguen su propia ola.

Es fácil señalar a los que son distintos como aquellos que van por la senda incorrecta. Es fácil taparse los ojos, tanto incluso que terminan acuchillando a quienes llevan toda la vida caminando a su lado. Es fácil avanzar sin preguntarse por qué otros retroceden. Es fácil ganar sin luchar. Lo que de verdad vale, es perder habiendo luchado.

Es difícil sentir y saber al mismo tiempo. Es difícil ir contra las olas para remar en la misma dirección que los que nos importan. Es duro ver cómo hay olas que te sumergen, y es duro tener que luchar tanto por una sola bocanada de aire. Es difícil vivir en agua, y que nos quemen los dragones. Es duro soñar para luego despertarse en un mar de dudas.

Cada día que pasa veo mi ola alejarse más y más de la que siguen casi todos. Y lo mejor de todo es ver que mientras ellos nadan, yo vuelo. Vuelo con mis sueños, con mis dragones y con los que ya no están. Vuelo gracias a los que a veces vienen hacia mí en contra incluso de sus propias olas.

Somos sueños hechos por millones de ilusiones. Somos marionetas en un mar que siempre parece apacible. Excepto cuando ruge la tempestad.

Porque no nos damos cuenta de que nuestro peor enemigo somos nosotros mismos. Porque intentamos vencer, en lugar de entender. Intentamos imponer, en vez de aceptar.

Porque somos eso. Tempestades interminables.

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