Capítulo 21: La Castilla perenne de madrugada

1

Camino de la segunda visita fugaz a Madrid en menos de 6 meses, ya sólo quiero ir más allá del Altaria y Chamartín.
El viento que algún día seré me trae el sonido de los cánticos.
Y el tren tiembla casi tanto como tus labios aquel día, y cruje el sonido tosco de los dragones dormidos.
Mientras duermen, yo le estoy gritando al cielo que amanezca por mi lado, y le estoy pidiendo al sol que deje de dormir, que es tiempo malgastado.

2

Pero fuera la oscuridad se cierne, y las ventanas, lejos de deslumbrarnos con paisajes, nos torturan con nuestros propios reflejos.
Ahora, todo es azul y malva, sin distinciones cielo-tierra ni vías ni carreteras. Como flotando en el cielo, silencioso y despoblado.
Como si estuviera en el desierto azul de tu valle de lágrimas.
El desierto azul de antenas, vías y trenes de mercancías. Naves abandonadas, mensajes a medias, la magia de estaciones, y el suelo mojado. Promesas a spray en paredes olvidadas. Como los te quiero que me dijiste.

3

Chimeneas, vagones que un día fueron trenes, casas ruinosas, molinos viejos y nuevos.
Páramo.
Del azul al gris roto.
Y yo queriendo ir más allá de vías y antenas.

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