Capítulo 19: Sobre atardeceres y viento

1

De todos los atardeceres en silencio, a solas y a oscuras sólo he podido sacar en claro que te quiero y no te necesito.
De todas las noches contigo y sin ti, del alcohol en compañía pero a solas, y sobre todo a oscuras, sólo he podido sacar en claro que llevo demasiado tiempo esperando a que hagas que la noche se me haga de día.
Me siento tan intermitente como las farolas, y tan alejado de Murcia como cerca de alcanzar cualquier sueño.

2

El cielo ámbar de cada amanecer que me he fabricado, los pianos lentos sin tu voz encima, y el viento que moldea las palmeras sugieren que la guerra sigue ahí fuera mientras yo sólo me sé replegar en mí mismo.
Y ahora me siento como Elvira, y me gustan tanto los hoy como miedo me dan los mañana.

3

Como el anciano, viejo y solo, que va en bici por todo el pueblo. Errante.
Como el gato negro que huye de mí y se cuela en la tierra recién labrada de la huerta sobre la que cae el sol en cada atardecer de invierno.
Como las espigas ardientes mecidas al viento.
Como el globo que se perdió en el cielo y que ahora es la estrella polar.
Como las luces tristes de ciudad tiritando tan lejos.
No aceptando derrotas.
Errante.
Y con dragones.
Siempre con dragones.

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