Capítulo 14: Con la frente marchita

Al final el puente fue dejar de escribir nombres y fechas en la parte de atrás del bus. O en tu portal. Al final, el puente fue decir a gritos, que ni yo era el mismo, ni vosotros erais los mismos. Fue una declaración de intenciones, un no es que me esté yendo, sino que me fui hace un tiempo. El puente fue cerrar una etapa, fue olvidarme de ella, fue volver a escribir, a ser yo, a vivir. El puente fue cambiar de tempo, fue escribir a los que no están, y fue introducir lo que después vino. Y ahora, meses después, frente al puente, y después de la experiencia del norte, mi cabeza recuerda inconsciente aquella frase de Heráclito que decía que un hombre no puede cruzar dos veces el mismo río, porque ni el hombre ni el agua serán los mismos. Si volviera a cruzar el puente desde luego que no sería el mismo, y desde luego que vosotros seguiríais siendo estatuas esperando a que suba la marea. Tenéis la suerte de que el plástico flota, y la mala suerte de solo ser plástico. Solo sabéis hacer planes, cumplir planes, fingir que todo va bien, y no sabéis lo que es el trabajo, el esfuerzo, el alma expuesta al rocío, los versos en el carcaj. No sabéis lo que es improvisar.

El norte, al final, lo fue todo. Marcó un año de quemar carretera, de comprar botellas, de horas en bus, de colapsar e irse a cenar, de humildad, trabajo, y amigos. Marcó un año de ser felices pero estar estresados. De ser felices pero tristes, felices pero cansados, felices pero exhaustos, felices pero grises. Quizá solo seamos tristes, grises, y solo estemos cansados, exhaustos. Pero sonreímos hasta que la función termine, porque los payasos nunca lloran. Pero sonreímos porque el escenario es nuestro.

Junio fue los dragones, la poesía, el yo eterno, los edificios, el vaho, las cinco jotas. El exilio. Fue dejar de estar atados a la mentira, aunque doliese más no estarlo. Fue mirar esos ojos verdes, besar esos labios de plomo.

Septiembre fuiste tú, fue el corazón con parches. Fue llenarme la vida con medio beso. Septiembre fue un poema a medias. Fue convertir los mensajes que te mandaba a las 4 de la mañana en obras de arte.

Y luego llegó Montparnasse, los secretos, las casualidades. Llegaste tú tan tuya, a tientas. Y yo tan mío, a ciegas. Se acabó la tregua y volvió el frío, y nadie diría que había pasado ya un año. O nadie diría que sólo hubiese pasado un año.

Estamos volviendo de puntillas, con cuidado de que el miedo no se entere de que hemos vuelto. Y el viaje ha sido ir del cero al infinito, del rojo al violeta. Nos fuimos con fuerza y con rabia, se puso en ámbar, aceleramos, huimos. Pero hemos vuelto, y vamos a conseguir todo lo que nos propongamos. Hemos vuelto, aunque ni Murcia nos reconoce.

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Un comentario en “Capítulo 14: Con la frente marchita

  1. L dijo:

    Me asombra cómo puedes reconocerte, casi como mirando un espejo, en palabras ajenas. Eso es un don, no del lector por saber mirar, sino del escritor. Porque cuando las palabras, como todo arte, se sienten, se hacen verdades.
    No dejes de escribir.

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