Imposible entender

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Somos marineros que buscan dejar atrás la tempestad. Aves migratorias que se pierden entre las nubes. Nos gusta la calma, aunque no paremos de movernos hasta conseguirla. Somos de los que llevan siempre el mismo mapa, y tratan de cambiarlo lo menos posible. Y quizá ese mapa nunca tenga más de tres o cuatro cosas, pero las entendemos. Y nos entendemos.

En la vida hay personas por las que cambiamos siempre nuestro mapa. Y personas que incluso tienen un mapa parecido al nuestro. Personas por las que has exterminado dragones de tu mapa.

Pero a veces te giras y te encuentras un dragón que no estaba en tu mapa. Un dragón que llega por tu espalda, esa que creías tener cubierta. Y como no eres de matar dragones porque sí, retrocedes y prefieres marcar ese lugar en rojo en tu mapa. Pero ya estaba marcado. De otro color, pero marcado. Un color que entendías. Pero este no.

Y te da por luchar, por tratar de entender. Por volver a ese sur tan anhelado. Pero esos acantilados de los que una vez rescataste a alguien, ahora te han traicionado. Ya no te protegen del oleaje, que siempre estuvo ahí. Y tampoco entiendes por qué. Y llega un momento en el que dejas de mirar fijamente al dragón, para empezar a mirar a tu propia armadura. A dudar.

La pregunta es de quién. Crucé esos acantilados con tu ayuda y sé que, a veces, lo único que sabes es que algo en ti parece estar mal. Que tu espada parece oxidada. Todo parece decirte que algo en ti falla; el acantilado, los dragones, nosotros…todo. Y en el fondo sabes que no es cierto, pero a veces duele menos creérselo.

El mejor antídoto para tanto desengaño es una dosis de realidad. Quizá haya llegado el momento de dejar de intentar llegar a todo para poder acercarte más a lo que forma parte de ti. Quizá necesites agarrar tu espada con más fuerza y sacar la rabia que llevas dentro. El desengaño. Alza la voz, artista, y usa tu rabia, pero no para acabar con quienes empiezan a darte la espalda, sino para defender tu andén de los dragones que tanto se han llevado.

Nadie puede garantizarte la victoria, excepto tú mismo. Hay obstáculos que no puedes saltar, igual que hay acantilados que sólo pueden escalarse con ayuda. Pero siempre puedes luchar. Siempre tenemos más opciones de las que creemos. Confío en ti. Lucha. Continuarán partiendo trenes, pero tú sabes volar de andén en andén. Creo en ti.

Tú no estás bien. Y mal tampoco. Sólo incompleto. Como todos.

No estás solo en tu camino hacia el norte.

Con el tiempo aprenderás a cerrar algunas puertas.

A aceptar en lugar de entender, porque no dejan otra.

Los funambulistas no existen, pero los luchadores sí.

Siempre voy a creer en ti, pero necesito que lo hagas tú primero. Lo necesitas.

Porque eres fuerte, valiente, honrado y fiel.

Sé fiel también a ti mismo, y date tiempo si lo necesitas.

Tenemos tiempo. Lo sé. Lo sabes.

Coraje, compañero. Esta vida no se hizo para entender.

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