Capítulo 17: Off the record

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Nos hemos cruzado, y te has parado justo enfrente de mí. Nuestras miradas han chocado, y ahora entiendo lo que fue la caída del muro. Me miraste, con esa cara afable, como si llevases años sin verme y el cariño y la sorpresa estuvieran a flor de piel. Parecías orgullosa de mí, de cuánto había crecido, de lo alto que era, de mi pelo, de mi risa. Sonreíste, y ahora sé que ahí me desarmaste de toda coraza.

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Luchadores

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A veces, la vida trae decepciones. Desencantos. Nos quita de un plumazo la ilusión que tanto nos había costado guardar en esa parte de nosotros en la que aún somos niños.

Porque somos dueños de un montón de sueños. Porque hay veces en las que gritar no vale para hacerse oír. Porque a veces hace falta estar ciego. Porque somos de aplaudir las grandes gestas en vez de los pequeños gestos.

Y es que a veces queremos ganar todo sin luchar por nada. Y a veces, luchamos por algo que no podemos ganar. Porque somos eso: el deseo de ser como nos gustaría sin poder llegar a serlo. Pero lo cierto es que no hay ninguno de nosotros que diga que ha conseguido todo lo que un día quiso.

La vida nos decepciona. Ese es el precio que pagamos cuando intentamos agarrar el cielo, para que al final se nos escurra de los dedos. Pero somos eso. Una lucha constante entre decepciones y alegrías.

Decepciones como buscar una cara tan conocida y encontrar una persona tan desconocida. Mirarla a los ojos, y que lo único que sientas sea melancolía por quien llegó a ser para ti. Y por quién podría haber sido.

Algún día entenderé por qué nos fuimos. Por qué ahora tengo que cargar con los dragones que me preguntan por ti. Por qué mi única alternativa es envainar mi espada y endurecer mi coraza. Porque tú te llevaste la espada con la que podía vencerlos. Porque te fuiste. Y por qué te fuiste.

Alegrías como poder mirar hacia arriba. Y hacia delante. Alegrías como saber que tengo personas a mi lado con las que puedo tocar el cielo. Y saber que en ese cielo tengo a personas que nunca se fueron. Alegrías como saber que esta vida es un regalo. Un regalo que tenemos que vivir con fe. Fe en nosotros mismos. Porque somos eso. Seres llenos de fe. De esperanza.

Esto está dedicado a quienes formáis mi cielo. Y también a esas nubes que, lejos de traer oscuridad, me ayudan a entender que hay cosas por las que vale la pena luchar.

Porque somos eso. Luchadores, con o sin espadas.

 

Cuando llegue el momento

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Cuando algo deja de encajar. Cuando el mundo empieza a dar vueltas, y de repente todo está patas arriba. Cuando cosas que parecían seguras dejan de serlo. Cuando no sabes por qué. Cuando no entiendes por qué. Cuando no sabes si miras a alguien a quien has dejado atrás, o a alguien que inexplicablemente te ha adelantado. Porque antes íbamos a la par. O al menos lo intentábamos. Pero hace tiempo que hemos olvidado quiénes somos. Y no queremos ir juntos. Yo ya no quiero. Sigue leyendo