Capítulo 12: Los edificios

1

La eternidad es un instante suspendido en el tiempo. Como estar recitando poemas mientras te maquillabas. La eternidad es el infinito en el espacio. La eternidad es el tiempo que estamos intentando dividir en días, minutos y segundos. La eternidad son los edificios. Los edificios han visto cada mentira de esta ciudad. Y los edificios no olvidan. Los edificios han visto atardeceres y amaneceres, y nunca se han emocionado, y nos han sabido soportar mejor que nadie, a pesar de haberlos destruido y reconstruido tantas veces que no sabemos qué fue antes, los edificios o esta ciudad. Nos han visto pasear, llorar, amar, dormir, mentir, bailar. Al fin y al cabo, actuar. Al contrario que nosotros, han sabido resistir los golpes del tiempo, del frío, del viento. Han sabido aguantarnos, y cobijar en su interior a nuestros yo más tristes, para luego ver cómo nuestros yo más felices evitaban los edificios. Han escuchado cada uno de nuestros conciertos privados, han aguantado nuestras lágrimas, nuestros gritos, y nuestros silencios. Han hecho más por nosotros que la mayoría de las personas. Y aun así preferimos elegir a las personas.

2

El instante eres tú agitándote el pelo. Es tu habitación, tu campo de batalla. Es tu cara de sentir al escuchar poemas. El instante es mi presente, todo lo que di, todo lo que fui, todo lo que dejé en el camino, todo lo que sigue conmigo. El instante es el norte, Junio, Septiembre, los aeropuertos y los dragones. El instante es mi habitación, mi campo de batalla. Mi yo, a solas conmigo, hablando de mí, por mí, y para mí. El instante es el cielo cayendo y yo bailando al ritmo de la lluvia en las capotas. Amanecer, escribir, ir, luchar, volver, luchar, escribir, anochecer. Algún día podré ver cómo cada instante habrá merecido la pena.

3

El tiempo, sin embargo, no es nada de eso. Es la moneda de cambio, es todo lo que me has quitado. Podrías haber estado de mi lado… Pero llevas media vida equivocado de bando. Y yo ahora lo único que hago es jugar a tu juego. No estás viendo lo que puede ser, por segunda vez. El tiempo hará que caiga tu imperio, y entonces verás que te equivocaste, por segunda vez. El tiempo me dará la razón. O quizá no me la dé, y triunfes, y quizá tu imperio nunca caiga, y estés en el bando correcto, y quizá todo vaya bien. Pero aunque todo aguante en el tiempo, aunque todo se vuelva un instante, aunque sepas construir tus edificios, sabrás en el fondo, que no estás siendo tú.

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