Capítulo 11: Declaración de principios

«Una persona se crea a sí misma. La persona adulta se forma a partir de lo que uno crea de sí mismo y de traumas o prohibiciones de la infancia. La persona que elige ser honesta, es honesta. La chica que de pequeña quería un perro, adulta tiene un perro. La niña que tuvo cáncer de pequeña ahora estudia oncología. Yo soy frío porque he elegido ser frío. Soy frío e inexpresivo porque de pequeño era excesivamente sensible y expresivo. Ser frío me encanta, porque me viene bien. Siendo frío e inexpresivo evito que mi madre sepa si estoy mal, si estoy triste…
Pero ser frío tiene lagunas. Soy muy tímido. Pero me viene bien, siendo tímido desarrollé esa elocuencia de la que a veces me has hablado. Ser elocuente, saber hablar, saber qué decir, tener respuestas para todo, me alivia la timidez. Me gusta ser tímido. Siendo tímido no destacas. Pero también me encanta tu forma de dejarme sin palabras. (…)

(…) Ser tímido, sin embargo, tiene lagunas. Soy muy nervioso, y me estreso por todo. Tengo una enfermedad relacionada con esto. Pero ser tímido, ser frío, ser inexpresivo hace que lleve los nervios por dentro, el estrés por dentro. De igual manera, todos los sentimientos los llevo por dentro. Y así parezco una persona sana, normal, equilibrada… Y nadie se preocupa por la persona sana, normal y equilibrada.

Pero todo esto tiene lagunas. Tiene cosas malas. Y por eso me encanta el alcohol. El alcohol me hace menos tímido, me hace menos frío, menos inexpresivo, menos todo lo que soy yo. Me hace sentimental. Pasional. Y me gusta. Pero el alcohol es lo que es, y me gusta lo efímero de su efecto. Ser extrovertido, ser pasional, sentimental… está bien. Me gusta. Pero me gusta para un rato.

Sí, lo sé, el último párrafo es la definición de un alcohólico. Quizás. Pero no del todo. Soy feliz siendo como soy. O bueno, mejor dicho, estoy a gusto siendo como soy. El alcohol está bien porque te deja ser otra persona, y quién no ha querido ser un rato el pirata cojo, con pata de palo, con parche en el ojo, con cara de malo, un viejo truhán capitán, de un barco que llevara por bandera, un par de tibias y una calavera. (…)

(…) Todo esto no pretende ser ni una presentación, ni es abrirme a ti, ni nada por el estilo. Sí, lo sé, quedaría mucho más bonito decirte que todo esto lo hago para que me conozcas mejor, para abrirte mis sentimientos. Pero no es verdad. Digamos que esto es una oda a mí mismo. Es una declaración de principios. Una reacción tardía a la frase que hace meses leímos en ética de que cada uno escribe su propia vida. Pensamientos en voz alta. Desvaríos, quizás. Sí, sé que sería fácil decir que esto te lo cuento porque te quiero, porque quiero que me conozcas, o para abrirme a ti. Pero no, esto no es nada de eso. Es más como una reflexión  que en algún punto del día de hoy ha llegado a mi cerebro y que sentía la necesidad de escribir. Y la necesidad de algo escrito es ser leído. Así que sí, es cierto, te elijo a ti para que lo leas, pero no, no es nada romántico. No son cartas de amor, ni cosas de enamorados. Son pensamientos de un joven que quiere creer que no es alcohólico, que sólo es frío, tímido, nervioso, reservado e inexpresivo, y que le gusta serlo, aunque a veces no lo quiera ser.»

24/09/15, para Noviembre, por Noviembre.

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