Capítulo 10: Volver

Tenían fuego, pero yo ya era fuego. Tenían cerveza, pero yo ya era vino. Tenían cigarrillos, pero yo ya había construido las carreteras de mi mundo interno. Tenían ciudades, pero ella no tiene ciudad. Tenían calor para el frío, pero yo prefería tus sonrisas. Tenían frío para el calor, pero yo odio el invierno. Tenían libertad, pero eran esclavos de su dolor. Tenían comidas, pero estaban desnutridos de ideas. Tenían valor, pero no valoraban el miedo. Tenían palabras, pero no valoraban que eran su mejor arma, y nunca aprendieron a usarlas. Tenían fauna y flora, pero la destruían día a día. Tenían costumbres, pero yo quería otros paradigmas. Tenían fiestas, pero no tenían curiosidades. Tenían felicidad, pero nosotros teníamos los pronombres. Tenían todo que ofrecer, pero no eran nada. Al final, tanto tú, como yo, pequeño, sabemos que lo mejor que tenemos, es nuestro mundo interno. Y que eso es algo, que ellos nunca lograrán alcanzar, así que da igual lo que te ofrezcan.

Desde entonces maldigo la vaga dejadez que adoptaste como filosofía durante la tregua. Miraste a otro lado y el jardín sin su jardinero se pudrió. Pasaste del palacete a la estética de extrarradio, malgastaste tus mejores años, aceptaste sus ofertas, y llegaste al punto de inflexión. Pero tu resiliencia, mi resiliencia, era un por mis narices que salgo de esta. Cuando volviste, no había palacete ni jardín, y sin jardín no hay trabajo para el jardinero. Entonces, y sólo entonces, comprendiste que cuando tuviste que haberte comido el mundo no tuviste hambre. Y que ahora que tenías hambre, habría que ganarse el pan. Tenías todo el tesoro y dejaste que se oxidase. Al final dejaste de ser jardinero, y como todo buen tesoro está custodiado por dragones, saliste ahí fuera. Quizá no puedas ganarte el pan, pero de carne de dragón también se vive.

Los dragones de junio te llevaron hasta septiembre. Y en una carrera sin frenos, cruzaste el puente justo a tiempo, y viste el atardecer más bonito del mundo, y supiste que no había vuelta atrás, y que tenías que huir hacia delante, y perderte y encontrarte. Y morir, matando dragones. Para luego volver.

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