Capítulo 7: El paréntesis

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Me gustas porque tus ojos no aceptan chantajes. Me gustas porque tu boca grita rebeldía, porque luchas, porque lo sientes como yo, y levantas el puño. Me gustas porque no te conformas y porque te partes la espalda trabajando por aquello en lo que crees. Me gustas porque me cuidas del frío, y porque sabes calentarme. Me gustas porque sabes regalarme madrugadas, porque empujas las nubes hacia arriba, y porque provienes del sol. Me gustas porque me besas, protegidos por la luna, como si me fuera a ir y necesitases un recuerdo mío más. Me gustas porque eres silencio en atardeceres, porque eres cantos a la luna, y porque eres cariño en amaneceres. Me gustas porque eres su Vietnam. Me gustas porque eres un conjunto de palabras pausadas. Me gustas porque no te crees las opiniones de ningún químico o biólogo que intente hablarte de amor como un conjunto de reacciones controladas.

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Me gustas porque para ti, los aeropuertos, son todos poesía.  Me gustas porque nuestras manos encajan mejor que las piezas del puzle que nunca acabamos. Me gustas porque eres sur. Porque sabes a qué huelen las nubes. Porque en ti hay dragones. Porque eres acordes, compases, mesura. Me gustas porque muerdes, porque te vas cuando quieres, porque vuelves. Me gustas porque no eres fiel a nada, ni a nadie. Me gustas porque sabes cantarle a los pájaros por las mañanas y a los borrachos por las noches. Me gustas porque sabes cantarme el Semi Suite de Tom Waits cuando me llueve por dentro. Me gustas porque el Caribe es tu obra maestra y porque te gustaría ver caer al Imperio.

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Me gustas porque sabes que el mar es tuyo. Me gustas porque tus ojos son poesía. Me gustas porque tu pelo es mi mar favorito, porque tus curvas son olas del mar, porque tu pecho es la mejor línea de costa, porque tu mirada es el único faro que busco. Me gustas porque eres mi Calipso y mi Ogigia. Me gustas porque guardas minutos en un cajón para malgastarlos conmigo. Me gustas porque callas, porque gritas, porque te ríes con fuerza, porque lloras con fuerza, porque me quieres con fuerza.  Me gustas aun siendo lluvia y aeropuertos. Me gustas porque, como el alcohol, me has hecho enamorarme de la soledad, una vez más. Me gustas porque eres de Ítaca. Me gustas porque me has visto estallar en mil pedazos de papel ardiente, y aun así te gustaba. Me gustas, porque no sé quién eres, ni qué hago escribiéndote.

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